LA EMPRESA
Historia
La historia de
nuestra empresa nace y se confunde con la de dos familias. Eran los
primeros años treinta del s. XX cuando Agostino Innocenti, una vez
dejada la escuela (entonces era ya tanto haber aprendido a leer y
escribir) iba a trabajar a la Martino Bianchi, en la época la empresa
más importante de viveros de la zona. Fue pasión a primera vista, y
después de pocos años Agostino iniciaba a cultivar por su cuenta en
terrenos de la familia.
La segunda guerra mundial, con sus destrucciones,
representó no el final pero sí un nuevo inicio: los cultivos abundantes
fueron extirpados, los terrenos se araron de nuevo y reimplantados
nuevos árboles, con especial atención a los de fruta. Con
tenacidad, Agostino empezó a vender sus productos fuera de la región,
yendo a los mercados entonces más conocidos: Bolonia, Ferrara, Pádua.
Son, y eran, pocos kilómetros, pero en la Italia de postguerra viajar
era fatigoso y el trabajo se había convertido ya en demasiado para una
sola persona. Fue así que la empresa ganó la otra mitad de su nombre,
con la entrada de Marcello Mangoni, el joven cuñado de Agostino.
Ya a finales de los años cincuenta se acercaban al millón
de piezas vendidas, sobre todo árboles frutales, mientras se
desarrollaba el cultivo de las plantas decorativas. Y así como los
árboles, también las actividades crecían. La expansión de las
superficies cultivadas llevó a la empresa a trasladarse para poder
ampliarse y augmentaba también la atención hacia los mercados más
amplios: al principio a escala nacional, después también fuera de las
fronteras. Contemporáneamente, nueva savia llegaba con la entrada de la
nueva generación: Roberto y Giorgio, hijos de Agostino.
Eran años dificiles, que afrontaron con la cabeza alta,
mirando lejos: los dos chicos hicieron frecuentes viajes al extranjero
para aprender técnicas nuevas y establecer relaciones comerciales con
las más importantes empresas europeas.
La aportación de nuevos conocimientos se injertó en el
tronco de la tradición: se introdujeron cultivos y técnicas innovativas
y experimentales, como la adopción de contenedores de plástico negro y
más tarde la adopciòn de los embalajes de yute, mientras la empresa
cambiaba una vez más de sede y estructura, adaptándose a las nuevas
exigencias sea en el plano técnico que en el de la preparación del
personal, importantísimo. Al principio de los años ochenta la
facturación de la empresa era en un 80% cubierto por un mercado
extranjero, un resultado fruto de una particular atención al desarrollo
del mundo del vivero en su dimensión europea. Este decenio fue marcado
por algunos puntos dificiles, como la gran helada del 1985 y la muerte
cuatro años después del patriarca fundador Agostino; pero confirmó la
voluntad de crecimiento del grupo, que se convirtió en una referencia
para todos los trabajadores de la zona y empezó a serlo, también, para
los extranjeros.
El tronco de familia ha echado después nuevos ramos:
primero Alessandro, hijo de Marcello, y sucesivamente Marco, hijo de
Roberto, para una continuidad de interés y pasión.Con esta
formación, sin querer olvidar cuantos trabajan, desde los técnicos a
los obreros, la empresa se ha asomado a los años 2000; una empresa que
vive su esplendido presente con los ojos puestos en el futuro y los
pies enraizados en una tradición antigua.